En la vida existen muchas cosas que es necesario reemplazar, como unos viejos zapatos de tenis o una bombilla fundida. Quizás hasta un guardarropa completo. Pero cuando se habla de reemplazos es raro que la gente hable de partes de su cuerpo. Sin embargo, para cientos de miles de estadounidenses la realidad es otra. Según la American Academy of Orthopaedic Surgeons (AAOS), 267,000 personas se someten a reemplazo de rodilla y 160,000 a reemplazo de cadera cada año.
La cirugía de reemplazo de articulaciones tiene por objeto sustituir, sea en forma parcial o total, las articulaciones dañadas por un dispositivo artificial (prótesis) que restablezca el movimiento de la articulación. El motivo más común por el que los pacientes se someten al reemplazo de una cadera o rodilla es el desgaste natural de la articulación. Esto se conoce como osteoartritis. Por eso el lógico asumir que la mayoría de los pacientes a quienes se les hace esta cirugía son personas mayores. Cuanto más usamos las articulaciones, más se desgastan. Entre las posibles razones para hacer un reemplazo de cadera o rodilla destacan:
· Dolor que no responde a una terapia conservadora (medicamentos, inyecciones de esteroides, terapia física, cambio de estilo de vida y/o actividad, reposo)
· Confirmación radiográfica de la osteoartritis o la artritis
· Incapacidad para trabajar, dormir o moverse debido al dolor
· Una prótesis floja
· Fracturas, tumores o deformidades en las articulaciones
Si bien el reemplazo de articulaciones es ideal para ciertos pacientes, no lo es para todos. La cirugía de reemplazo articular está contraindicada para quienes padecen actualmente alguna infección en las articulaciones, escasa cobertura cutánea en torno a la articulación, parálisis de los músculos que rodean la articulación, alguna enfermedad grave de tipo general o en los vasos sanguíneos o los nervios, o bien, quienes padecen obesidad patológica (pesan más de 300 libras). En general, tampoco se recomienda para personas jóvenes debido al esfuerzo al que se someterá la prótesis.
Si usted piensa en hacerse un reemplazo articular, pregunte a su médico si le conviene consultar a un cirujano ortopedista que le haga una evaluación. Por lo común, la evaluación consiste en elaborar un historial médico, hacer un examen físico y tomar radiografías de la articulación y las áreas circundantes. De vez en cuando, también se hacen análisis sanguíneos, imágenes por resonancia magnética (MRI) o tomografías para evaluar el estado en que se encuentran el hueso y los tejidos que rodean la articulación. Además, el cirujano pregunta al paciente cuáles son sus expectativas en cuanto a la cirugía y le informa sobre los riesgos de la operación y los posibles resultados de su recuperación.
La rehabilitación es un elemento importante para obtener los máximos beneficios de la cirugía de reemplazo de articulaciones. Típicamente, la terapia empieza al día siguiente de la cirugía. Aunque los ejercicios iniciales son muy sencillos, tienen por objeto poner la articulación en movimiento. La terapia física aumenta diariamente hasta que el (la) paciente puede llevar a cabo sin asistencia sus actividades diarias de cuidado personal y está listo(a) para ser dado(a) de alta del hospital. Antes de marcharse a casa, el paciente recibe un plan general de atención de seguimiento: cuidado de la herida, terapia física y ocupacional, de ser necesario. Asimismo, el paciente debe tener una idea muy clara de qué puede y no puede hacer después de la cirugía, a fin de facilitar una cicatrización y recuperación adecuada.
Es importante saber que la cirugía de reemplazo de articulaciones no es una cura mágica. Sin embargo, puede ayudar a muchos pacientes que se someten a ella a vivir con menos dolor y a tener la capacidad de proseguir con muchas de las actividades cotidianas que damos por hechas, como el reemplazo de cosas que no son parte del cuerpo, como unos zapatos de tenis o una bombilla eléctrica.
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